viernes, 17 de marzo de 2017

Entrenando la maratón



Por Manuel Ruiz-Gómez de Fez

Cuando un corredor popular decide enfrentarse al reto de correr una maratón sabe perfectamente, sobre todo si no es su primera experiencia en la distancia, que lo duro será prepararla más que correrla.

Un grupo de corredores del Club Atletismo Cuenca y de Running Cuenca hemos decidido este año acudir a Madrid, con distintas motivaciones personales, para intentar completar los 42,195 km que separan la línea de salida de la línea de meta.

Como digo, lo más duro es la preparación, los entrenamientos casi diarios durante unas dieciséis semanas, teniendo en cuenta que antes hay que haber hecho un trabajo de base minucioso y llevar corriendo algunos años.

Vamos a ver un ejemplo de semana de preparación de nuestro grupo, una semana cualquiera, por ejemplo una de hace poco.

En el entrenamiento del lunes aprovechamos para comentar con los que no vinieron a correr con la mayoría del grupo (intentamos hacer la tirada larga juntos porque es el día de más kilómetros y viene muy bien ir bastantes):

-        Luciano ¿qué tal se dio ayer?
-        Bien, pero hoy tengo las patillas regular.
-        Nada hombre, eso es que el entreno te va haciendo efecto.

Y así, entre bromas, empezamos el trabajo del lunes, en el que el calentamiento cuesta porque las piernas protestan por lo que llevan acumulado. Pero al final el primer día de la semana se hace sin demasiado sacrificio.

El martes es día de descanso, bueno para algunos porque yo voy a Pilates, para completar mi preparación.

El miércoles es uno de los días más duros, al menos para mí que no temo tanto los rodajes largos como las series que me parecen tediosas a veces, aunque son las que nos dan la chispa, las que nos afinan y nos permiten el ganar velocidad, aparte de prepararnos psicológicamente porque mira que nos endurecen la mente también. Ese miércoles tocaban encima cuestas. Decidimos hacer el entrenamiento a la cuesta de Las Angustias. Cualquier conquense ha subido al santuario y sabe que solamente subir caminando ya cuesta… con lo cual el subir a tope 100 metros 3 veces seguidas y luego correr un 1.000 a ritmo intenso por el carril bici (con 500 metros de ida y otros tantos de vuelta desde el Recreo Peral) se hace bastante, pero bastante duro. Y eso hay que repetirlo cinco veces, descansando dos minutos entre repetición. Y no he dicho que antes habíamos corrido 4 kilómetros desde la pista de atletismo. La última serie se hace ya por amor propio casi, no me voy a dejar una sin hacer, pero las piernas protestan, te piden un descanso.

El jueves toca descanso. En el grupo de whatsapp nos preguntamos: “¿Qué tal hoy? ¿Cómo estáis esta mañana?”. Leo esto y pienso, pues yo me he levantado que parezco Chiquito de la Calzada.

El viernes vuelve a tocar un trabajo de los que dan si no miedo sí respeto. Intentamos quedar entre nosotros pero a veces no podemos. Aun así si podemos quedamos con alguien para que se más llevadero. Empezamos con un rodaje de 3 km para calentar y luego tenemos dos series, una de 4 km y otra de 5km. El primer problema empieza en decidir por dónde las hacemos. La serie es muy aburrida para distancias tan largas y si no hace mal día (viento o lluvia) buscamos un lugar adecuado, que puede ser la Ronda Oeste, el carril bici de la carretera vieja de la Sierra… Empezamos la primera repetición, intentamos no pasarnos con el ritmo: “Tranquilo, baja que nos quedan luego cinco kilómetros, que ahora es fácil pero luego ya verás”. Y al terminar los primeros 4 km piensas: “venga, que esto está ya hecho”. Pero los otros 5 km parecen cuesta arriba, sobre todo si en la serie anterior has apretado demasiado. Las piernas no van lo mismo, el cansancio ya se nota, pero hay que seguir adelante. Y para terminar otros 3 km como vuelta a la calma.

Y llegamos al sábado, el finde, por fin. Hoy sólo tenemos 12 km a ritmo A1, es decir un poco por encima del trote suave, no podemos dormirnos. En el grupo de whatsapp ya hemos encontrado hora y lugar de salida para ponernos de acuerdo.

El domingo a la hora prevista y en el lugar acordado nos solemos juntar un buen grupo. Es el día del rodaje largo y hoy nos tocan 23 km empezando a ritmo suave para ir aumentando a A1. Nos juntamos bastantes.. Siempre llegamos a un consenso para decidir el circuito y a empezar que no podemos terminar muy tarde, hay obligaciones familiares o personales y no podemos tirarnos toda la mañana corriendo. Preparamos los GPS, “espera que no me pilla señal”; “Si es que compráis relojes de los chinos, no me extraña”. Y así entre bromas y chascarrillos empezamos. Vamos avanzando y alguno apunta que llevamos 11 km. y hay que llegar a 23, así de puntillosos somos los maratonianos. Casi todos nos vamos viendo mejor día a día. Coincidimos en que se nota el trabajo bien hecho y planificado de los entrenadores, es imprescindible llegar bien al día clave, ni pasarnos ni quedarnos cortos. Salen muchos temas durante el rodaje pero es lógico que hablemos mucho de lo que estamos haciendo, no sólo de la preparación sino de otros aspectos: la alimentación, la ropa adecuada para la competición, lo que tomaremos en la carrera, donde se alojará cada uno… Y mientras los kilómetros van cayendo, aunque aún hay que dar alguna vuelta por los chalets de Las Cañadillas para que el GPS nos marque la distancia exacta de 23 km. Y para terminar la foto de rigor, el recuerdo de un día menos que falta para el que llamamos el gran día.



Y así será durante unas cuantas semanas más, porque para correr una maratón hay que tener espíritu maratoniano, hay que saber que se va a sufrir en la preparación, porque la misma carrera es una incertidumbre, un reto personal que cada uno intenta superar por los motivos que sea.


Pero todo el que se ha puesto en la línea de salida de la maratón sabe que las sensaciones son indescriptibles, que los nervios están a flor de piel y que lo único que piensas es en llegar a meta, en menos de tres horas o en más de cinco, el caso es alcanzar el objetivo previsto. Y la llegada… eso lo podría describir porque he llegado ya unas cuantas veces, pero creo que por mucho que quisiera explicarlo solamente me entenderían los que han cruzado la línea de meta que cruzó en primer lugar Spiridon Louis en el estadio de Atenas en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en Atenas en el ya lejano año de 1896.


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